Estuve persiguiendo distintas webs de venta de tickets online para encontrar el dichoso festival, y semanas después conseguí comprarla a través de "atrapalo.com" (venga, publicidad gratuita para el portal). Me gasté 70 euracos más los gastos de gestión, y varios conocidos consideraban excesivo el importe, pero se trataba de un festival, y la entrada de día me permitía ver distintos conciertos (que por cierto nunca ví).
No había butacas, sólo una barrera que separaba el público del escenario y allí estaba yo, en primera línea dispuesta a rocanrolear como quinceañera hasta que finalizara el concierto, más o menos 3 horas después.
Y llegó el momento. Luces apagadas, humo artificial, acordes de fondo, y de pronto aparece Robert Smith, maquillado como siempre, vestido de negro, pelos revueltos y más gordo que en sus inicios (alguien me dijo que se parecía a falete con esos pelos revueltos).
Sorprendida y muda me quedé unos segundos de tiempo mirando esa figura extraña, regordete (a lo Elvis Presley), que mantiene el mismo timbre de voz que antes, el mismo estilismo, los mismos acordes, y sólo podía recordar que conocí a The Cure en mis 14 añitos cantando "Boys don't cry" y "Why can't I be you" en alguna fiesta escolar.
Ví a Robert Smith y me transporté a Valparaíso, época universitaria, Playa Ancha, Radio Comunitaria Los Placeres, caminatas nocturnas, fiestas de disfraces, guatón Puebla & friends, y me sentí afortunada de estar lúcida recordando viejas canciones y viejas fotos de esa época. Afortunada por estar allí, y descubrir que no es más que un currante cualquiera que ha ganado dinero con su música. Pude distinguir que se comunicaba gestualmente con el encargado de sonido, que el tecladista tenía problemas de retorno, incluso lo ví patear un micrófono, etc. 3 horas de concierto, terminó sudando como chino, y al poco de finalizar, se subieron a una furgoneta y no les vimos más. Al más puro estilo "Stars".
