lunes, 29 de noviembre de 2010

2 ojitos

La rutina nos consume día a día, minuto a minuto, segundo a segundo. Nuestro ritmo de vida a veces nos deja muy poco tiempo para disfrutar del aire que respiramos, de mirar a nuestro alrededor y decir "estamos vivos!!"
Tanto a mí como a 2 ojitos. Pero quiero dedicar estas líneas a 2 ojitos. Se trata de mi hijo Gabriel, que tiene unos 2 ojitos maravillosos.

Ya tiene 10 años y el tiempo ha pasado demasiado rápido para mi gusto. Sin embargo puedo decir que han sido los 10 años más hermosos que he vivido hasta ahora.

Creo que para muchos padres, un hijo les cambia la percepción del mundo. Y a mi todavía más. Porque me ha tocado educar a un hijo muy especial.

¿A quién debo agradecer que los sábados por la mañana 2 ojitos me despierte a besos? ¿A quién debo agradecer que 2 ojitos me regale su más linda sonrisa y su carcajada contagiosa cuando le hago cosquillas en la barriga? ¿o cuando me pide un vaso de coca cola escribiéndolo en un papel?

Cuando veo esos 2 ojitos almendrados mirándome fijamente, intentando decirme algo, con gestos y ruidos, me pregunto quién me ha regalado la dicha de tenerlo a mi lado?

Nos hemos construido un mundo diferente, aquí en esta ciudad. El y yo. Caminando por la calle, a veces alguien saluda a Gabriel con un efusivo HOLAAAA, y se detienen para darle la mano. Y ni siquiera sé quién es. Al parecer ven mi cara de pregunta, y me dan las explicaciones correspondientes "Yo conozco al Gabriel porque fui su monitor en el casal de verano", o también me dicen "El viene todos los días a comprar aquí con su acompañante". Me resigno a pensar que mi hijo tiene mejor vida social que yo. O que es más amistoso que yo.

¿Qué nos toca vivir aqui? No tengo una bola mágica para adivinar nuestro futuro, sin embargo estoy decidida a encontrar todas las puertas que puedan abrirse para que 2 ojitos se convierta en 2 ojazos, sin que nadie pueda menospreciar sus habilidades, aunque tenga sus ojos almendrados, su nariz pequeña, y un cromosoma extra.

Mañana es día de piscina, y lo disfruta mucho. Y eso me hace feliz.

domingo, 28 de noviembre de 2010

TOROS

Nunca antes había pisado una plaza de toros. Ni siquiera lo había deseado nunca. Es más, vengo de una familia en la que el respeto hacia los animales es un principio fundamental. Sólo se de toros de lo que he visto en la prensa, pero un día cualquiera de abril estaba pisando las arenas de una plaza de toros, en una ciudad preciosa como lo es Granada.
La arquitectura es sencilla, en comparación a la Monumental de Barcelona. Sin embargo, cuando pisé el ruedo, no pude evitar sentir una angustia indescriptible, de esas que hacen llorar sin motivo aparente, mirando alrededor. Buscaba el motivo de mi angustia, de la falta de aire, el temblor interior, no encontraba nada físico que me hiciera sentir de esa manera. Además el motivo de mi estadía era uno más bien musical.

Hace unos días atrás, viendo un reportaje de Samanta Villar acerca de Francisco Rivera Ordóñez, una imagen me devolvió a aquel día de abril en Granada. Sentí la misma angustia, el mismo llanto, el mismo nerviosismo. Vi la sangre derramada del toro en la arena.
Volver a escribirlo me está causando otra vez lo mismo. Y es inevitable...

Viviendo en el siglo XXI, en una sociedad que se dice desarrollada (no como de la que vengo, en que la etiqueta la conozco desde pequeña... esa de "en vías de desarrollo")aún no logro entender que se considere una tradición cultural y nacional la matanza cruel de animales por un mero motivo de entretención. Matar por entretención.

Matar un animal por entretención es tradicion cultural? Claro, si se hace desde hace siglos.

Y en UK van a la caza del zorro.

Y antiguamente los gladiadores salían al ruedo a matarse entre sí, o con leones... y podría seguir enumerando la cantidad de episodios históricos en donde la matanza de animales es una entretención.

Sé que con estas palabras no quiero ni intento convencer a nadie de lo contrario. Pero sí tengo el derecho a elegir lo que me entretiene, y precisamente no es ver una corrida de toros. Y me alegro de saber que no soy la única que lo piensa, y que además tienen coraje de salir a la calle con pancartas para denunciarlo. En Cataluña ya han prohibido las corridas de toros a partir de 2012. Y aún queda mucho por hacer por el noble animal, que sólo tiene cuernos para defenderse del animal más inteligente.