jueves, 1 de mayo de 2008

Fiesta de Empresa

Septiembre siempre llegaba con viento suave y tibio. Con aire fresco y liviano. Y con muchas actividades. Una de ellas era la fiesta de empresa.
Te invité a la fiesta, aunque sólo era para los trabajadores, y yo, la muy fresca, te llevé sin preguntarle nada a nadie. Llegué a los discursos, al primer cóctel, y esperaba ansiosa el momento de ir a buscarte a la torre del puerto.
Ni tu ni yo fuimos preparados para una fiesta. Ropa normalita, y seguridad a tope.
Entraste por algunos minutos, bajamos a la disco y volviste a salir para estacionar el auto más cerca de la "Piedra Feliz", "razones de seguridad" argumentaste.
Mientras esperaba, nuestro vecino el prevencionista me sacó a bailar. Nunca pensé que con esa invitación cambiaría tanto el devenir de los días.
Te buscaba por la puerta, por el pasillo, mientras bailaba con el vecino. No te ví llegar, ni tampoco me fijé que llevabas bastantes minutos mirándome bailar con el pobre vecino. Cuando te ví, no te ví a tí, ví al mismísimo diablo echando humo por las orejas, con los ojos hinchados y una cara tan larga que te llegaba al suelo. "Para qué me invitaste!!" Y no entendí qué pasaba realmente.
Saliste indignado, furioso, y yo detrás siguiéndote. Obviamente dejé tirado al vecino bailando solo en la pista y él me siguió hasta guardarropia, donde fui a recoger mi chaqueta.
Me despedí cortésmente, agradecí el baile, y hasta ahí llegó la famosa fiesta de empresa.

Cuando salí a la calle, te ví sentado en el auto, esperándome que subiera. Subí preguntando qué cresta estaba pasando, si te estaba esperando para bailar contigo!!. Tu silencio habló por tí. Te fuiste conduciendo todo el camino mirando de frente, y yo con la mirada pegada a tu cara, esperando alguna respuesta, alguna reacción. Nada.
30 minutos conduciendo. "Siento tu mirada en mi cara!!" "Claro que sí", respondí. "Hasta que me digas algo que desconozco".

Los días pasaron, ya no nos hablábamos como antes, y algo cambió entre nosotros. ¿Cuál fue mi pecado? Haber bailado con el vecino, mientras esperaba a que llegaras, porque yo te había invitado.

Lo que sucedió después, con el paso de los días, es aún más doloroso, y creo que no debimos llegar a eso. Te extraño todos los días, te veo todos los días en algún rincón de esta lejana ciudad, y pensarás que estoy loca. Y puede que algo loca esté, pero he seguido un camino distinto al tuyo.

Quizás el tiempo pueda volver a unir estos 2 caminos, y espero que con la experiencia sumada en estos años, no volvamos a cometer los mismos errores.
Tengo fé.
Tengo esperanzas.
Tengo la idea que llegará el momento de corregir, de enmendar, de pedir perdón, y de olvidar.
¿Cuando?
Eso quisiera yo saberlo.