No me creiste. Era yo la que tocaba el piano.
Estábamos en casa de chichi, en Valparaíso, celebrando algun reencuentro con los de antes, y en la casa de enfrente había un piano. El tinto me dio valor para pedirlo prestado unos minutos. Casi no recordaba las notas, pero es como volver a andar en bicicleta, las recuerdas mientras tocas. No he tomado nunca clases de piano, pero su sonido me emborracha. Y sólo de tocar y tocar, van saliendo algunos acordes armónicos o al menos "escuchables". Y te llamé. Te llamé para que me escucharas tocar, para que formaras parte de ese momento mágico que duró algunos segundos de tiempo, y te llamé para contarte lo feliz que estaba de volver a tocar el piano. Me escuchaste, al final me creiste. Y te lo agradezco.
También me escuchaste tocar en otro piano, en un lugar donde nunca pensé encontrar uno. Sobre un vagón de tren. Allí me reencontré con esos acordes antiguos, y dejé que mis dedos improvisaran alguna melancólica melodía, casi surrealista, en lo que quedaba de aquellos edificios.
Anoche intenté llamarte para compartir contigo un recital, para que escucharas la algarabía que había en ese recital. Al igual como lo hice con el piano, quería compartir contigo ese momento. Saber que estabas allí, escuchando lo mismo que yo.
jueves, 15 de noviembre de 2007
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